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¿Qué es el CNI?

Sede del CNI en la Carretera de la Coruña (A6-Madrid)

“Hay preguntas que no tienen respuesta”

(Frase dicha por un Agente del CNI en una entrevista con la autora de este artículo en Dic. 06)

Para todos los ciudadanos, hablar de servicios de inteligencia, es hablar de espías, 007, piruetas de Misión Imposible y una pizca de Ángeles de Charlie al mayor estilo hollywoodiense. Pero bajo esa capa de topicazo y fantasía, se esconde un organismo cuyas funciones y labores son importantes para todo el país. Este organismo, dependiente en parte del Ministerio de Defensa, a pesar de su llamativa presencia y gran responsabilidad para el mundo civil, consigue que su trabajo pase desapercibido bajo tópicos fantasiosos para todos los ciudadanos, que olvidan, que, parte de sus impuestos, van directos a sus fondos reservados a través de los Presupuestos Generales del Estado (en el año 2009 estos fueron de 255 millones de euros) .

Corría el año 1977 cuando el teniente general Manuel Gutiérrez Mellado, inició la construcción del antiguo CESID, hoy conocido como CNI (Centro Nacional de Inteligencia) o lo que es lo mismo, los servicios de inteligencia españoles. Sus principales funciones, según regula la ley 11/2002 es: la responsabilidad de:

“facilitar al Presidente del Gobierno y al Gobierno de la Nación las informaciones, análisis, estudios o propuestas que permitan prevenir y evitar cualquier peligro, amenaza o agresión contra la independencia o integridad territorial de España, los intereses nacionales y la estabilidad del Estado de derecho y sus instituciones. (Art. 1)


Fue precisamente a partir de esta citada ley, (11/2002) cuando el servicio de inteligencia español pasó de llamarse CESID a CNI, y cuando se le otorgó una autonomía funcional y personalidad jurídica propia con plena capacidad de obrar, lo que suscitó controversias y críticas entre diferentes sectores, como las del conocido periodista y catedrático: Fernando Rueda. Pero esto es harina de otro costal en la que entraremos un poco más adelante.

A pesar de la plena libertad de la que disponen para “reaccionar ante las amenazas del país”, el CNI cuenta con un control judicial (según los críticos más voraces, bastante mínimo) para poder realizar ciertas actividades. De esta forma, el CNI es supervisado por un Magistrado perteneciente al Tribunal Supremo y nombrado a su vez por el CJPG, para controlar la intervención de comunicaciones (escuchas), seguimientos o petición de intervención para que actúen otros cuerpos de seguridad del Estado (los agentes del CNI no pueden detener a nadie, tienen que hacerlo a través de la Policía Nacional u otros cuerpos de seguridad).

Las principales funciones del CNI, quedan claramente especificadas en el art. 4 de la ya citada ley. Estas son:

Obtener, evaluar e interpretar información y difundir la inteligencia necesaria para proteger y promover los intereses políticos, económicos, industriales, comerciales y estratégicos de España, pudiendo actuar dentro o fuera del territorio nacional”.

Analizando la ley, podemos sacar en claro que las funciones de los servicios de inteligencia es la obtención de información para que esta sea transmitida a quién corresponda según el Ciclo de Inteligencia, con la función de promover y proteger los intereses de la nación. En este artículo 4, la ley se centra principalmente en destacar los intereses económicos, industriales y comerciales (blanqueo de dinero, espionaje industrial, fuga de capitales, contraterrorismo…) pero es importante destacar, que su función primordial es la que pasa más desapercibida en este apartado: las funciones referentes a política y estrategia.

El CNI está configurado como una única agencia, en la que sirve de principal interlocutor entre organismos supranacionales y servicios de inteligencia. Todo lo que esté relacionado con transmisión bilateral de información tiene como principal protagonista a nuestros atractivos operativos del servicio de inteligencia español, contando con el material clasificado de la OTAN, Unión Europea, Centro Criptológico Nacional (CCN), Oficina Nacional de Seguridad (ONS) y las Fuerzas Armadas como algunos ejemplos de los más… institucionales.

¿Quién trabaja en el CNI?

Personal activo del CNI


El CNI se nutre generalmente de trabajadores en los que dispone de máxima confianza. Por lo habitual los agentes proceden de las Fuerzas Armadas y de otros cuerpos de seguridad, pero desde hace varios años ha incorporado a sus filas a personal civil. Actualmente cuenta con una plantilla aproximada de 3000 personas. En su gran mayoría, desde el año 2005, los trabajadores incorporados han ido destinados a la lucha antiterrorista.

Los procesos de selección no son fáciles ni nada habituales. Aunque los servicios de inteligencia reales no son los de las películas como he dicho antes, sus procesos de selección a veces si parecen serlo. Además de las fuentes privadas de las que dispongo, en otras fuentes bibliográficas como las del periodista Fernando Rueda, se habla de lo “mal” que puede llegar a pasarlo una persona que se aventure a entrar en sus procesos de selección. Lejos de los detractores, que critican la crueldad con la que se llega a tratar a los aprendices a espía, creo que este punto en los recursos humanos del Centro, es importante. No creo que alguien que tema a un ratón esté en condiciones de enfrentarse a Osama Bin Laden si se lo encuentra en un día normal de trabajo, o la vecina cotilla del patio interior del segundo izquierda, preparada a guardar un gran secreto de Estado, como le pasó recientemente al traidor nacional, el agente Flores. Por ello, el CNI tantea a las personas que están interesadas en acceder; estudian sus perfiles a través de la documentación que el Estado posee de los ciudadanos (BBDD de Universidades, policía, etc.,). Si pasan esta primera criba, serán sometidos a una primera entrevista (primera de muchas), seguida de test psicotécnicos, de personalidad, entrevistas personales, pruebas memotécnicas y de resumen… Tras esto, si tu perfil entra en lo que ellos llaman “Agente Operativo”, entrarás en la primera fase de otra multitud de pruebas más. Por muy a broma que pueda sonar, durante el proceso de selección los candidatos son observados sin que se percaten en su vida diaria, a través de distintos modos operando de seguimiento (moto, en coche, a pie…) e instados a realizar pruebas tales como: acceder a un edificio, colarte en una casa y hacer un plano perfecto de esta, obtener dinero necesario para comprar algo (anteriormente te despojan de todas tus pertenencias, claro), ser capaz de provocar un atasco en pleno cruce, o conseguir salir del medio del campo, donde te abandonado en plena noche.

Pero esto es solo el principio. Si consigues superar todas las pruebas y tu aptitud sigue siendo la de un valiente, que no se va de la lengua ni le dice a nadie que está participando en dicho proceso, (siempre se enteran si lo haces, imagínate porqué), entrarás en la fase del proceso de formación o “Adiestramiento Operativo” donde aún será mirada con lupa tú idoneidad al puesto. Pero espera, no te lo creas del todo, que no eres un “funcionario con plaza fija”, que aún, hasta los 4 años (y en cualquier momento) pueden darte la patada en el trasero. Todo depende de si eres capaz o no de aguantar a cierta presión, presión, aparentemente muy intrigante y fantasiosa, pero en serio, no es tanto cuento como lo pintan, para soportarla, hay que valer.

Cualquier ciudadano puede acceder a enviar su currículum vitae al CNI. Basta con dirigirse a este apartado de su página web y cursar tu solicitud.

Sus detractores y críticos más feroces


Si ya todos los organismos e instituciones oficiales del Estado cuentan con nuestra habitual crítica, este en concreto, por sus ilimitadas funciones, no esta exento de fuertes críticas. El periodista Fernando Rueda, en el año 1993, tras diversos años de estudio y publicaciones sobre las actividades del CNI, publicó La Casa (nombre con el que es conocido familiarmente el servicio de inteligencia español) el primer libro que hablaba sin tapujos sobre el CESID. Con un total éxito de ventas, Fernando Rueda desveló supuestas ilegalidades del servicio de inteligencia español y anticipó diversos escándalos protagonizados por este organismo que después saltarían a la opinión pública. Según palabras textuales del periodista:

“Los servicios de inteligencia de todo el mundo actúan con una enorme libertad, traspasando con frecuencia las barreras que establecen las leyes vigentes. Los gobiernos amparan estas actuaciones porque se producen en beneficio de sus intereses, ya sean como dirección del país o como ciudadanos particulares”.

“La ilegalidad de sus actuaciones es algo intrínseco al servicio, a pesar de que sistemáticamente lo niegan. Según el citado Manual de Inteligencia, agente es la persona especialmente adiestrada para realizar actividades secretas, legales o no, en beneficio y bajo la dirección de un servicio de inteligencia al que puede pertenecer o no. Normalmente recibe contraprestación económica.” [1]

En cuanto a los agentes, Rueda afirma que el Estatuto de Personal es “claramente inconstitucional” [2] ya que según el pisotean las libertades públicas que nos otorga la Constitución (la libertad de las comunicaciones, libertad de sindicación, etc.)

Rueda denuncia abiertamente que algo huele muy mal en el CNI y que este organismo es utilizado por los diferentes intereses partidistas del Gobierno de turno para afianzar su posición u obtener información para beneficios personales. Una de las cosas que más debaten suscita, es la libertad de cometer actos ilegales por parte de nuestros agentes. ¿Es lícito que el fin justifique los medios, de hacer lo que haya que hacer por encima de la ley, escondiéndose de la opinión pública por defender los intereses generales del Estado?. Acerca de esto, un editorial del año 1994 del periódico El País titulado “Espías conocer”, en colación con sucesos ilegales cometidos por el CNI y denunciados por periodistas a la opinión pública, (1.feb.94) dice lo siguiente:

“Las tareas que los Estados encomiendan a sus servicios secretos cuentan con una protección legal especial y con garantías sobreañadidas que, por lo general, nadie cuestiona. La sociedad suele mostrarse comprensiva con el hecho de que las reglas del juego para estos servicios no sean exactamente las mismas que las vigentes para el resto de los órganos del Estado. Pero ello no exime a los poderes públicos (Parlamento, Gobierno y jueces) y a la sociedad en su conjunto de vigilar atentamente para que tales protecciones y garantías sirvan para lo que están (la defensa de los legítimos intereses del Estado) y no sean cobertura y pretexto para actividades ilegales. Ni siquiera sería permisible que estas tareas dieran lugar a algún tipo de beneficio gubernamental en el sentido de que sirvieran a los fines propios del partido que controla el Gobierno y administra al Estado. Mucho menos que no se investiguen ni se sancionen cuando, por una u otra causa, surge a la luz algún indicio que hace sospechar de su distorsión”.

En resumen

Las dos caras de la moneda: defensa de nuestro Estado y pasar la vista por alto ante supuestas actuaciones ilegales. En este asunto, hay que valorar la parte objetiva, profesional, y no obviar la crítica de los detractores del servicio de inteligencia español. A todos nos viene a la mente los sucesos del GAL, donde los políticos que estaban en el Gobierno al mando de Felipe González, toleraron, fomentaron y utilizaron a los servicios de inteligencia para su propio provecho. Aquí es donde se suscita el debate y la controversia: ¿Es aceptable que los ciudadanos permanezcan sordos ante las actuaciones de sus servicios de inteligencia? ¿es aceptable que se usen métodos y actuaciones ilegales para proteger los intereses del país? ¿debería el Centro Nacional de Inteligencia contar con un mayor control jurídico del que hoy cuenta? Para nuestra propia seguridad, ¿el fin siempre justifica los medios?

¿Qué opinas?

Aurora Ferrer


[1] Fuente: Servicios de inteligencia: ¿fuera de la ley?. F. Rueda. Ed.: Ediciones B.

[2] Servicios de inteligencia: ¿fuera de la ley?. F. Rueda. Ed.: Ediciones B (págs. 26-27)