Alerta a navegantes: “Desviados anónimos”

Ocultos en la red

Ocultos en la red

Uno de los dilemas que parece haber aparecido en la web es el uso de perfiles anónimos por parte de los navegantes. Disfrazar la identidad en la red, puede deberse a varios hechos: por elección, por pereza a los registros o por motivos totalmente legítimos como son la seguridad o la privacidad. Pero para nuestra desgracia, también existen en la web, como no podía ser de otra forma, los típicos sujetos desviados que aprovechan este “agujero”, para colarse con sus mensajes negativos, publicidad engañosa, paranoias, vicios, obsesiones, o peor aún: con intención de mancillar el honor de otras personas. Una nueva especie en evolución que ni mucho menos debemos de ignorar: es peligrosa y nociva para nuestra salud mental.

La pregunta que se plantea ahora es la siguiente ¿Existe el derecho a la libertad de expresión anónima? Según un artículo del abogado Javier Muñoz la respuesta es clara:

No existe el derecho a la libertad de expresión anónima. Los periódicos jamás publican cartas anónimas, y nadie les acusa de censura. Los empleados de limpieza borran todos los días pintadas anónimas, y nadie les acusa de vulnerar la libertad de expresión. Los responsables de seguridad de los estadios de fútbol retiran por la fuerza pancartas xenófobas o violentas a sus portadores, y nadie les acusa de pertenecer a la Inquisición.”

Yo no podía haberlo expresado mejor. La libertad de expresión tiene que estar avalada por la legitimidad de la información. Al menos, eso se afanan los profesores en enseñarnos en Periodismo. Libertad de expresión ni mucho menos significa libertinaje y más si este puede herir ya sea comercialmente o personalmente, el honor de otras personas. Hay blogueros en internet de reconocido prestigio, que a pesar de no identificarse con nombres y apellidos, han logrado un hueco por haber conseguido ganarse la confianza del público y establecerse como referentes digitales. El problema es “los otros”, esos que aprovechan la ausencia de identidad para decir aquello que no se atreverían a decir públicamente o a legitimarlo con nombres y apellidos. Estos “otros” son apodados como Trolls, no dispuestos a asumir consecuencias por lo que dicen, y quienes son definidos como:

“ [..] personas que solo buscan provocar intencionadamente a los usuarios o lectores, creando controversia, provocando reacciones predecibles, especialmente por parte de usuarios novatos, con fines diversos, desde el simple divertimento hasta interrumpir o desviar los temas de las discusiones, o bien provocar flamewars, enfadando a sus participantes y enfrentándolos entre sí. El troll puede ser más o menos sofisticado, desde mensajes groseros, ofensivos o fuera de tema, a sutiles provocaciones o mentiras difíciles de detectar, con la intención en cualquier caso de confundir o provocar la reacción de los demás. […]” (Wikipedia)

La convivencia con estas personas en la web se hace compleja, pues la ley no es aún lo suficientemente dura en algunos aspectos. Hemos visto campañas contra personas u organismos auspiciadas por personas anónimas en la red, sin más intenciones que hundir la imagen personal de sus enemigos o rivales. Esto es una constante por ejemplo en el campo de la política. Una forma vil, cruel y malvada de actuar en la sociedad, que pone en peligro la convivencia pacífica en un espacio democrático y que recupera la imagen del correveidile o cotilla difamador que todos nos encontramos en la calle. Lo peor de todo esto, es que en internet el correveidile se emociona, se deja llevar por sentirse por única vez en su vida valiente, y deja correr la pluma sabiendo que lo más probable, es que jamás sea descubierto.

Es así como se muestran las vulnerabilidades a las que se enfrentan los usuarios en la red. En el mundo de los blogs hay una regla importante: “don’t feed the troll, es decir, nunca contestes a un troll. Según el bloguero Arturo Vallejo, “Verter exabruptos es una manera incluso de publicitar sus propios blogs. Otros lo hacen por jorobar”. Un caso que ejemplifica todo esto es el de la bloguera Gina Tonic, quien ha tenido que aguantar todo tipo de insultos e improperios, principalmente por ser una mujer que habla sin ninguna clase de complejos sea cual sea la materia que trate, entre ellas materias sexuales. Reconoce recibir insultos constantes y ataques a su persona mediante usuarios que se esconden tras perfiles anónimos o inventados para la ocasión. Lo único a su alcance por el momento es bloquear su IP o ejercer los conocidos “baneos”. Según afirma:

“La gente no entiende que en Internet hay unas normas no escritas que se rigen por el respeto a las personas. Hay gente que se esconde pensando erróneamente que en Internet son anónimos”.

Es una reflexión que dejo en el aire: ¿Es legítima la palabra oculta tras un anónimo? Cuándo se hacen declaraciones que pueden ser trascendentes o dañinas para otras personas ¿no debería ser avalada con nombres y apellidos?, ¿Deberían sancionarse duramente a aquellos que aprovechan la libertad de expresión de la web y la blogosfera para herir el honor o humillar a otras personas? Para mí la respuesta es clara ¿Y para ti?

Debemos defender internet como espacio abierto y plural, que permita la crítica constructiva o las denuncias legitimadas mediante pruebas o fuentes fiables y auténticas. Pero lo que jamás debemos permitir, es un espacio público que dé lugar a la aparición de sujetos morbosos y desviados, sujetos, que aprovechan la libertad existente para hacer lo que jamás harían a ojos de todos.

Recordemos que entre estos desviados de la sociedad que usan internet como medio para hacer daño, aparecen los conocidos pederastas y violadores. No podemos esperar nada bueno. Es por ello, que propongo que blogueros e internautas hagamos un pacto tácito por mantener la www lo más limpia posible de sujetos trastornados por complejos o iras personales, que lo único que hacen en la red es atentar contra los derechos humanos. Sí, he dicho Derechos Humanos. Viene a mi memoria, por poner un ejemplo, las conocidas páginas dedicadas a venganzas y chismorreos, donde se muestra sin ningún pudor ni moralidad, chicas desnudas que no son conscientes de haber sido grabadas, y que son volcadas en estas plataformas con un único fin: humillarlas públicamente. No olvidemos tampoco, la vigilancia que debiera ejercerse sobre las conocidas redes sociales, donde se cuelan fanáticos peligrosos como fue el caso reciente de un grupo de apoyo en Facebook hacia el asesino de la Camorra: Toto Riina.

Aunque ya que la convivencia en la web es una convivencia en comunidad, creo que la responsabilidad no debe dejarse en manos tan solo de la Justicia. Es cierto, que este ámbito está regulado en varias leyes y para más INRI, también en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (art.15):

“Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.”

Pero la Justicia no parece ser suficiente, por lo que somos nosotros –los del sentido común claro, “los otros” a su rollo…-, los que, con un comportamiento correcto, ético y democrático, debemos ayudar a concienciar la necesidad de crear un espacio habitable, un lugar común donde la libertad y el respeto sean el máximo exponente y donde reclamemos el derecho a una información veraz y contrastada, sin amarillismos ni sensacionalismos de tres al cuarto que a nadie interesan.

Así es como se distinguirá el periodista del futuro de los meros charlatanes: mediante el uso correcto de la información y despojando de derechos a aquellos que nutren la contaminación y la falsificación de la información. Difícil cuestión, pero no imposible. Para suscitar credibilidad no hace falta mucho, una pizca de conciencia, otra de moralidad y otra de buen gusto son buenos puntos de partida. A partir de ahí, dependerá cuanto te preocupe la comunidad, el respeto que la tengas y si estás dispuesto a ejercer de gatekeeper justiciero de esta, con toda la responsabilidad que esto conlleva.

Para terminar, a modo de moraleja, quiero dejaros con el impresionante sermón que el Padre Flynn nos dedica en la película: La Duda:

“Hubo una persona que fue a confesarse con un cura. Le dijo: “Padre he practicado chismorreos ¿es eso malo?” “Sí” le dice el confesor, “rezarás un Padre Nuestro”. “Qué bien”, dice la pecadora. El confesor la detiene: “un momento, no tan deprisa. Antes irás a tu casa, cogerás una almohada, subirás al tejado y la rajarás con un cuchillo. Después vuelves aquí y me lo cuentas.” La pecadora emprendió camino a su casa, cogió un cuchillo y una almohada y subió al tejado. Tras seguir minuciosamente las instrucciones dadas por el padre, regresó nuevamente a la Iglesia donde se encontraba su confesor. Dentro del confesionario, el Padre le pregunta: “Dime hija, ¿qué ha pasado cuando has rajado la almohada?” “¡Oh Padre! –responde ella- miles de plumas se han esparcido por el aire”. El confesor afirma con la cabeza y le dice: “Bien, pues ahora deberás volver y recogerlas una a una”. Ella sorprendida por la locura propuesta del Sacerdote responde: “…creo que eso ya me es imposible Padre.”

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Una respuesta a “Alerta a navegantes: “Desviados anónimos”

  1. Pijus Magníficus

    Como te dije en Ciudadanos sin Complejos: muy currado. Me ha encantado.

    saludos

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